Quienes Somos

Martes 3 de agosto de 2010, por miguel

¿Quiénes somos?

Izquierda Anticapitalista es una organización revolucionaria, ecologista, feminista e internacionalista que se esfuerza por impulsar las luchas contra toda forma de explotación, opresión y dominación sobre las personas y la naturaleza. Las mujeres y los hombres de Izquierda Anticapitalista nos organizamos políticamente para luchar por volver a poner de actualidad la necesidad de una ruptura revolucionaria que permita iniciar la construcción de una sociedad socialista autogestionaria libre de explotación, alienación y opresión, donde todo el mundo pueda participar de una forma democrática y pluralista en la elección de un nuevo futuro colectivo. ¿Qué nos une?

Un mundo liberado de la dictadura del capital sólo puede nacer mediante una ruptura radical con el (des)orden existente. No podemos esperar nada bueno de un sistema que genera millones de personas paradas, precarias y marginadas en los países ricos y centenares de millones de personas muertas de hambre en los países del sur, ni hacernos ilusiones sobre un sistema ecológicamente insostenible que amenaza con la destrucción del planeta. Mientras tanto, la crisis de este “modelo” civilizatorio no hace más que agravarse y se acentúan el militarismo, el recorte de libertades y el desarrollo de ideologías reaccionarias y fundamentalistas. Pensamos que hay que impulsar una estrategia contrahegemónica de construcción de un bloque político, social y cultural alternativo, capaz de promover procesos de convergencia entre los diferentes movimientos sociales en torno a la lucha por reformas no reformistas y demandas de carácter transitorio cuya conquista y consolidación requerirá la confrontación con el sistema y la lógica del capital.

Formamos parte de la resistencia al neoliberalismo y estamos comprometidos en la defensa de las orientaciones anticapitalistas y alternativas que puedan surgir desde los movimientos sociales. Creemos que hace falta trabajar de manera unitaria, favorecer la confluencia entre las redes y movimientos existentes y organizarse democráticamente para combatir eficazmente contra el bloque de poder dominante así como contra cualquier forma de opresión. El proyecto aspira a relacionar la firmeza en los objetivos socialistas con las alianzas sociales y políticas necesarias que hagan avanzar las demandas de las clases populares y hagan más soportable nuestra vida cotidiana, sin perder nunca de vista el horizonte de la ruptura con este sistema. ¡Continuar un viejo combate!

Las mujeres y los hombres de Izquierda Anticapitalista queremos relacionar los hilos rojo –que ha recorrido el siglo XX desde Petrogrado en 1917 a Barcelona en 1936, desde La Habana en 1959 a París en 1968, desde Managua en 1979 a Chiapas en 1994–, verde –que, frente a las catástrofes ambientales crecientes, como Harrisburg y Chernobil y el cambio climático, pretende redefinir nuestra forma de producir, consumir y vivir–, y violeta –que, no sólo cada 8 de marzo, sino también cotidianamente nos recuerda la necesidad de luchar contra el patriarcado y la opresión material y simbólica de las mujeres en cualquier parte del mundo–, y todos los colores de la revuelta que dibujamos los que estamos comprometidos con la lucha por otro mundo.

Creemos que la izquierda nunca empieza desde cero, sino que la memoria colectiva y la experiencia del pasado hacen posibles los sueños y los proyectos de futuro. Por todo esto, en Izquierda Anticapitalista intentamos recoger las aportaciones del marxismo revolucionario, del ecologismo y del feminismo al mismo tiempo que nos esforzamos por extraer lecciones para el futuro de los procesos revolucionarios del pasado –de sus aciertos y de sus errores– y de la historia de los movimientos sociales y sus organizaciones, para intentar huir de los errores y los dogmatismos. ¡Anticapitalistas... y unitarios!

Así es como trabajamos en los movimientos sociales, en los cuales defendemos el pluralismo y el respeto hacia todas las corrientes y sensibilidades que los conforman: todos los movimientos sociales tienen que tener autonomía y tienen que dotarse de organismos propios e independientes de expresión e interlocución. Los y las militantes de Izquierda Anticapitalista creemos que las corrientes anticapitalistas tenemos que ser firmes partidarias de la participación masiva y unitaria de la gente en todas las luchas como condición sine qua non para prefigurar el proyecto de sociedad por el que luchamos y reconstruir así una correlación de fuerzas que detenga la ofensiva del capital y nos permita hacer creíble y posible ese otro mundo por el que luchamos. Confluir, tejer, sumar…

El trabajo de Izquierda Anticapitalista se caracteriza por el esfuerzo de hacer confluir campañas, plataformas y colectivos con el fin de consolidar y relacionar movimientos entre sí, contribuyendo a desarrollar una perspectiva política de conjunto. También damos mucha importancia a la búsqueda de la unidad de acción entre los nuevos movimientos de resistencia y el movimiento obrero organizado. Por eso hace falta relacionar las luchas populares que van apareciendo con el conjunto de la clase trabajadora, siendo bien conscientes de que, como decía Marx, “la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos”... y de las trabajadoras y las mayorías sociales oprimidas.

Hoy en día, como está demostrando el desarrollo del “movimiento de movimientos” contra la globalización capitalista y sus diversos foros y encuentros, esta orientación unitaria adquiere una gran relevancia, sobre todo si tenemos en cuanta la enorme fragmentación y precariedad que padecen los trabajadores y trabajadoras, cosa que ayuda a perpetuar la dominación y la discriminación. La fragmentación de intereses y de subjetividades que se deriva de ello y la diversidad de las luchas y de las organizaciones implicadas exigen estrategias unitarias y flexibles que unifiquen todas las formas de resistencia al capitalismo neoliberal. Atención a la formación

Una de las preocupaciones centrales de Izquierda Anticapitalista es la formación. Pensamos que no es posible construir organizaciones revolucionarias sólidas y refundar una perspectiva socialista sin personas con conocimientos políticos, con capacidad de argumentación autónoma, de debate, de elaboración y de crítica… pero también de escuchar y aprender de todo lo que pueda contribuir a hacer creíble y posible ese nuevo horizonte socialista. ¡También en la política! refundar un proyecto anticapitalista y de clase

Desde Izquierda Anticapitalista sostenemos que la reconstrucción de la izquierda anticapitalista y de clase no se agota en el fortalecimiento y en la consolidación de las redes de activistas y los foros sociales. También hace falta construir un nuevo sujeto político con capacidad de tomar iniciativas políticas propias y que recoja las aspiraciones emancipatorias a menudo presentes en los movimientos sociales. Por eso, nos esforzamos por combinar la reconstrucción del movimiento obrero y el impulso de los movimientos sociales con la construcción de una alternativa anticapitalista que sea operativa tanto en la calle y como en las urnas. Creemos que es urgente levantar un proyecto que aporte una salida en positivo a las luchas, un programa coherente que desarrolle los contenidos que defendemos para el socialismo del siglo XXI y una estrategia revolucionaria realista que parta del análisis concreto de la situación concreta. En definitiva, no podemos quedarnos sólo en las luchas y en los noes. Hay que pasar a la propuesta, al qué queremos, a los síes que defendemos… Esta perspectiva se hace más urgente ante la deriva subalterna del social-liberalismo del PSOE de formaciones como IU o ICV-EUiA. Aún partiendo de unas fuerzas muy modestas, nuestro proyecto no se conforma con llegar a “los convencidos”, creemos que ha llegado el momento de levantar un proyecto anticapitalista y de clase que resulte útil y necesario para amplias capas sociales huérfanas de referente político y electoral. Una estrategia y un programa de ruptura con el capitalismo

En el contexto actual los revolucionarios y las revolucionarias propugnamos la lucha por conquistas sociales y políticas que tiendan a chocar con la lógica del sistema y generen la necesidad de impugnarlo directamente, como por ejemplo:

* la anulación incondicional de la deuda externa de los países empobrecidos del Sur, el fin de los planes de ajuste estructural, la instauración de controles sobre el movimiento de capitales y la prohibición de los paraísos fiscales, el fin del proceso de liberalización de la economía mundial, y la disolución del BM, FMI y OMC y su substitución por nuevas formas democráticas de asociación y cooperación entre los pueblos desde la escala local hasta la global.

* una reducción drástica de la jornada laboral y el derecho a un empleo digno, estable y con derechos. La ofensiva neoliberal no hace más que aumentar el paro y quiere aumentar aún las horas de trabajo asalariado de los que todavía lo tienen. Para romper con esta lógica irracional, hace falta imponer una reducción drástica de la jornada laboral sin pérdida de salario, trabajar menos, facilitar el reparto de todo tipo de trabajo (incluyendo, por tanto, los tradicionalmente invisibles o no pagados, como los realizados en el ámbito doméstico, familiar o de cuidado) cambiar la sociedad y vivir mejor (sin el estrés de quien no da abasto en el trabajo, las depresiones de los desempleados y la angustia y la ansiedad de l@s precari@s). El nivel de productividad de las economías actuales, facilitado por las nuevas tecnologías, tiene que ponerse al servicio de las personas, del ocio y de la calidad de vida y no al servicio de los beneficios de los capitalistas, de la continuación de la dominación patriarcal y de la destrucción ambiental.

* pensamos que hace falta defender, financiar mejor, ampliar cualitativamente y gestionar democráticamente los servicios públicos (la enseñanza, la sanidad, la atención de la gente mayor, las guarderías…), y luchar por la “renacionalización” y socialización de los servicios privatizados o subcontratados. Se trata de defender los bienes comunes y su reapropiación por las mayorías sociales frente a la lógica de la privatización y la desposesión neoliberal y a la creciente concentración de la riqueza en una minoría global explotadora. En ese camino, una reforma fiscal radical frente al “paraíso fiscal global” en que se está convirtiendo el planeta tiene que ser un punto de partida necesario: hace falta que paguen los ricos, los especuladores financieros, las grandes fortunas y las rentas del capital, mediante impuestos directos progresivos, y no el conjunto de la población trabajadora, que hoy en día paga enormes impuestos indirectos cada vez que consume productos básicos.

* hay que esforzarse por construir la unidad del conjunto de personas explotadas y oprimidas reconociendo al mismo tiempo toda su pluralidad y diversidad, y la única forma de hacerlo es satisfacer las reivindicaciones específicas de todos sus integrantes: hace falta luchar por todos los derechos de las mujeres y por un salario igual entre hombres y mujeres que ocupan el mismo puesto de trabajo; hace falta regularizar a todos los “sin papeles”, derogando leyes como la de Extranjería, y reconocerles los mismos derechos democráticos que los trabajadores autóctonos (incluido, por tanto, el derecho a la ciudadanía basada en la residencia), hace falta imponer el respeto hacia todas las orientaciones sexuales, frente a la norma heterosexual dominante; hay que defender los derechos nacionales de los pueblos… En definitiva, hace falta luchar contra toda forma de desigualdad, contra todas las discriminaciones específicas que crean insolidaridad en el seno de las clases populares y contribuyen a impedir su confluencia en torno a sus objetivos de clase comunes.

* hace falta desarrollar las reivindicaciones específicas del movimiento feminista y gay-lésbico, contribuyendo a profundizar las transformaciones de las relaciones entre las personas en un sentido emancipatorio y huir de las visiones reduccionistas que no entienden que la opresión de las mujeres y de ciertas orientaciones sexuales son anteriores al capitalismo y probablemente se mantengan tras su derrocamiento. Así pues, hace falta impulsar movimientos autónomos de mujeres y de gente LGBT (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales), puesto que poner fin a la explotación capitalista es condición necesaria pero no suficiente para lograr la plena emancipación individual y colectiva.

* hay que defender el derecho de pueblos oprimidos del Estado español al reconocimiento de su libre autodeterminación y a la soberanía, incluyendo el derecho a la separación, así como defender la República como forma de Estado frente a la Monarquía vigente, cuestionando así abiertamente la legitimidad de la Constitución de 1978 y apostando por un nuevo proceso constituyente basado en el protagonismo de los pueblos. Defendemos también los esfuerzos de recuperación de la memoria histórica para poner fin a la amnesia provocada por el modelo de transición pactada y el propio franquismo.

* hay que luchar por la construcción de otra Europa, una Europa de los trababajadores y de los pueblos, social, ecológica y feminista y solidaria con los pueblos del Sur, siguiendo el camino del rechazo popular francés y holandés al proyecto de Tratado Constitucional Europeo y el rechazo irlandés a su sucedáneo, el Tratado de Lisboa. Hay que oponerse a las políticas neoliberales y “securitarias” que los distintos gobiernos europeos quieren imponernos y que no harán más que generar mayores desigualdades y nuevas vallas y guetos sociales y étnicos.

* hay que iniciar una reconversión ecológica de la economía y crear una nueva cultura de la sostenibilidad mediante políticas que paren la destrucción ambiental –evitando los consumos desmesurados de agua y energía y creando una nueva cultura del agua, prohibiendo los cultivos transgénicos, desarrollando alternativas basadas en energías renovables, acabando con la creciente dependencia de las no renovables y cerrando las nucleares…– e introducir criterios ecosocialistas en las grandes decisiones económicas: detener la privatización de los recursos naturales, defender el derecho de los pueblos a la soberanía alimentaria y a la tierra, impulsar sistemas públicos de movilidad e introducir una planificación democrática, federal y/o confederal y autogestionaria de la economía para satisfacer las necesidades básicas de la mayoría de la población, combatiendo la espiral productivista del consumismo capitalista y la crisis ecológica actual, la cual conduce a una verdadera crisis de civilización y amenaza la supervivencia del conjunto de la biosfera y del planeta.

* hay que combatir el militarismo y la guerra imperialista, luchando a favor del desarme nuclear y convencional, de la disolución de la OTAN y denunciando los intereses del complejo militar e industrial y las nuevas estrategias de guerra preventiva impulsadas por los Estados Unidos y la UE. Junto con ello hay que realizar una firme defensa de los derechos y libertades civiles y democráticas frente a las tendencias involucionistas, justificadas en nombre de la guerra contra el terrorismo o el control de la immigración, y extender los derechos de ciudadanía a las personas inmigradas.

* hay que avanzar en el ejercicio de la democracia para superar el capitalismo: en las condiciones de desigualdad estructural en que se realizan, votar cada cuatro años en países como el nuestro no es democracia sino un procedimiento de renovación periódica de las elites políticas que, pese a las diferencias que pueda haber entre neoliberales y social-liberales, se distinguen poco entre sí en su sumisión a los poderes económicos dominantes. No rechazamos la necesidad de participar en los procesos electorales y de alcanzar una representación institucional de la izquierda radical, pero defendemos la necesidad de subordinarla a la movilización y a la coherencia política y programática; y, sobre todo, propugnamos otra idea de democracia basada en el ejercicio constante por parte de la ciudadanía de un poder de decisión y de control sobre todas las políticas que afectan su vida. Esto último implica avanzar hacia la superación de las desigualdades básicas y un nuevo reparto de la riqueza y de los tiempos que permita disponer de los recursos y del tiempo libre necesario para poder ocuparse de los asuntos comunes, deliberando y decidiendo colectivamente. Así pues, la democracia socialista tendrá que combinar un ejercicio efectivo de soberanía por parte de los pueblos, formas de control obrero y social sobre las decisiones respecto a la producción y formas de poder político consejista a nivel local y barrial que complementen, con democracia directa e instrumentos como los presupuestos participativos, las instituciones democráticas representativas.

Desde Izquierda Anticapitalista creemos que la realización de los ideales igualitarios, democráticos y autogestionarios comunes al socialismo revolucionario, al movimiento feminista, al movimiento de liberación de gays y lesbianas, a los movimientos de emancipación nacional y el ecologismo no podrán llevarse a cabo sin atacar de raíz la propiedad privada de los medios de producción y de los recursos naturales y la acumulación ciega de capital, sin una ruptura radical con un sistema que genera injusticias, explotación, miseria, opresión y destrucción. Así pues, el impulso de un proceso revolucionario socialista sigue siendo nuestro horizonte y una tarea fundamental si queremos conseguir transformaciones sustanciales e irreversibles de la sociedad y abrir una puerta a la esperanza. El proceso de democratización llevado hasta sus últimas consecuencias tendrá que vencer las resistencias de les clases dominantes con la fuerza de la razón y, si es necesario, con la razón de la fuerza. Un proyecto internacionalista a la altura de los retos actuales

Izquierda Anticapitalista es una organización internacionalista porque el capitalismo es un sistema mundial que ha internacionalizado la lucha de clases y engendrado resistencias globales y, por tanto, obliga a éstas a transcrecer hacia la construcción de una alternativa socialista a escala mundial. Somos internacionalistas porque esa aspiración es común más allá de las fronteras que nos separan, porque somos especialmente solidarios de los pueblos oprimidos del Sur y porque luchamos por nuevas relaciones entre las naciones y contra un enemigo común, el “nuevo” imperialismo contemporáneo. Creemos que las grandes potencias imperialistas no tienen derecho a dirigir los destinos de los países empobrecidos. Somos internacionalistas porque combatimos el militarismo de las grandes potencias y la guerra, pero aun así defendemos el derecho de los oprimidos a liberarse, si hace falta con las armas en la mano, cuando los otros medios se muestren insuficientes frente a la resistencia de los poderes dominantes.

Creemos también que, para hacer frente a un capitalismo organizado a nivel mundial –fuertemente concentrado en grandes multinacionales que someten a su control organizaciones como el FMI, la OMC y el G-8 y articulado en bloques regionales como la UE– y defendido por la fuerza militar –con la OTAN como su principal brazo armado al servicio de la “guerra global permanente”–, es imprescindible establecer vínculos permanentes y desarrollar iniciativas conjuntas con otras organizaciones revolucionarias y anticapitalistas del mundo. Por ello, Izquierda Anticapitalista forma parte de la Cuarta Internacional, una organización nacida en los momentos más sombríos del siglo XX –en vísperas de la Segunda Guerra Mundial– con el objetivo de rescatar la legitimidad de la Revolución de Octubre y de no confundir el socialismo con la catástrofe política y moral del estalinismo. Hoy en día, gracias al resurgimiento masivo de prácticas y movimientos internacionalistas, la IV Internacional contribuye a articular una futura corriente internacional anticapitalista de masas, mediante iniciativas como la Conferencia de la Izquierda Anticapitalista Europea, en la que Izquierda Anticapitalista está plenamente involucrada. ¡Únete a Izquierda Anticapitalista!

Para llevar adelante este proyecto, para hacer realidad tus sueños, para lograr una sociedad de mujeres y hombres libres... únete a nosotros. Tu esfuerzo y trabajo son necesarios, porque sin militancia no hay lucha, sin lucha no hay organización y sin organización no hay proyecto revolucionario... Tu opinión, pensamiento y participación son imprescindibles. Se ha acabado el tiempo de la pasividad de la izquierda, del conformismo, del dejar hacer a los poderosos, de considerar que los asuntos públicos son cosa de “los políticos”. Ha llegado el tiempo de las personas, de los pueblos, de los rebeldes, del cambio y la acción. Es la hora de construir una izquierda anticapitalista y de clase, una izquierda de izquierdas.

Rebélate y lucha… ¡organízate en Izquierda Anticapitalista!

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